AMBIENTE-ARGENTINA Sombría contaminación en Río Tercero Por Claudia MazzeoBUENOS AIRES, ago (Tierramérica) - El vertido de
líquidos residuales está devastando el segundo
río más caudaloso de la central provincia
argentina de Córdoba, el Ctalamochita o río Tercero.
Originada en los centros poblados y los
complejos fabriles, la contaminación transforma
las aguas transparentes de sus nacientes en un
caldo turbio y maloliente, en un recorrido de casi 300 kilómetros.
La cuenca del río Tercero comienza en las
proximidades del cerro Champaquí --el más alto de
la provincia, con casi 2.800 metros-- en una zona
cuyas precipitaciones oscilan entre mil y 600 milímetros anuales.
Con un caudal medio de 27,17 metros cúbicos
por segundo, abarca 3.300 kilómetros cuadrados, y
es una de las principales cuencas hidrográficas de Córdoba.
El Ctalamochita --de las voces indígenas
"ctala" y "mochi", por tala (Celtis tala)
y molle (Schinus molle), árboles abundantes en
la región-- es afluente directo del Paraná y por
tanto de la cuenca del Río de la Plata.
En su cuenca superior recibe numerosos
afluentes que dan al curso principal grandes
volúmenes de agua disponibles para energía, riego y control de crecientes.
En su trecho medio e inferior, el agua se
destina principalmente a abastecer a unos 55 mil
habitantes, y en su tramo bajo a irrigar
cultivos. Pero el río también tiene usos
recreativos, con atractivas playas y lugares de pesca.
Aunque la contaminación del Ctalamochita ya
se hacía notar a comienzos de la década del 90,
un estudio de la Facultad de Ciencias Exactas,
Físicas y Naturales de la Universidad de Córdoba,
mediante un convenio con la Dirección Provincial
de Agua y Saneamiento (DiPAS), ofrece un
diagnóstico pormenorizado y actual, en el que
industrias y plantas depuradoras tienen un papel protagónico.
El trabajo fue presentado por la ingeniera
Nancy Larrosa, del Instituto Superior de
Investigación y Servicios en Recursos Hídricos,
en Conagua 2007, congreso nacional del agua
celebrado en mayo en la norteña ciudad de Tucumán.
Comprende nueve campañas estacionales de
control efectuadas desde 2004, que abarcaron todo
el río, desde el balneario Almafuerte hasta la
localidad de Saladillo. Se fijaron 14 estaciones
de muestreo en zonas de descargas industriales y
cloacales, tomas de agua para potabilización y
playas, incluyendo los centros más poblados, como
Villa María (87.000 habitantes), Río Tercero (43.000) y Bell Ville (32.000).
Los parámetros físicos, químicos y biológicos
investigados se compararon con la normativa
vigente, el decreto 415 de la Dirección
Provincial de Agua y Saneamiento de Córdoba.
Los investigadores comprobaron que todos los
indicadores estudiados aumentaban aguas abajo. El
fósforo total encontrado superó el máximo
permitido, de 25 microgramos por litro, en todo
el río salvo en el "balneario" (playa) Almafuerte, en las nacientes.
Según los especialistas, este nutriente puede
encontrarse en las aguas debido al volcado de
efluentes domésticos e industriales, o por
disolución de compuestos fosfatados presentes en
los sedimentos de los cuerpos hídricos.
Las mayores concentraciones de fósforo se
hallaron después de las descargas de las
colectoras cloacales de Villa María y Bell Ville.
También allí se registró el aumento de la demanda
biológica de oxígeno, parámetro para medir la
concentración de contaminantes orgánicos, y de la bacteria Escherichia coli.
El aluminio también superó los límites
permitidos en todos los sitios de control, menos
en los balnearios Almafuerte y Río Tercero. A
medida que el río avanza, aumenta la alcalinidad
y la dureza del agua, así como la presencia de
cloruro, sulfato, sodio, potasio y calcio.
"Eso indica diferentes niveles de
contaminación relacionados tanto con las
descargas industriales como con las cloacales", explica la ingeniera Larrosa.
El estudio señala que cuando el caudal del
río descendía a menos de 10 metros cúbicos, las
concentraciones de arsénico aumentaban hasta
valores muy cercanos a los permitidos.
La investigación relevó industrias ubicadas
en Bell Ville, Villa Nueva, Monte Leña y
Ballesteros, que vierten sus desechos al río.
Todas ellas y las estaciones depuradoras de agua
(14 en total), infringían el decreto 415, lo que
motivó emplazamientos, multas y, en algunos casos, prohibición de vertido.
"La complementación de nuestra tarea con la
de la DiPAS resultó estratégica. La universidad
no tiene poder de policía", destaca Larrosa.
Las principales industrias afincadas en esas
ciudades producen lácteos, explosivos y papel.
Hay también un matadero-frigorífico y estaciones depuradoras.
La ciudad de Río Tercero basa buena parte de
su economía en su polo petroquímico y
metal-mecánico. Produce desde ácido nítrico y
agua oxigenada hasta herbicidas, pesticidas y
compuestos petroquímicos. Cuenta con 21 fábricas,
entre ellas Petroquímica Río Tercero, Fábrica Militar Río Tercero y Atanor.
En octubre de 2005, la Fábrica Militar Río
Tercero fue multada por la DiPAS debido a la mala
calidad de sus efluentes. Esa misma planta fue
noticia el 3 de noviembre de 1995 por una
explosión --que luego se supo intencional y
relacionada con el contrabando de armas-- que
mató a siete civiles, hirió a más de 300 y destruyó tres barrios.
El 6 de este mes esa fábrica volvió a ocupar
la portada de los periódicos al estallar una
caldera en su planta de amoníaco, ocasionando un
escape de gas hidrógeno. La explosión de 1995,
que aún persiste en la memoria de los habitantes
y en los eucaliptos de la zona, desató otra vez el pánico en la población.
A casi 12 años del primer estallido, "el
municipio no montó un sistema efectivo e
independiente de vigilancia y control; los
vecinos siguen sin tener un plan ciudadano para
enfrentar emergencias químicas", destacó en un
informe el científico Raúl Montenegro, Premio
Nobel Alternativo (Right Livelihood Award) y
presidente de la Fundación para la Defensa del Ambiente.
El 12 de junio, una fuga de gas tóxico mató a
dos obreros en la planta de Petroquímica Río
Tercero. Un mes después, 40 operarios fueron
hospitalizados por emanaciones de amoníaco.
Como en otras ciudades argentinas, los
mecanismos de sanciones y apercibimientos
muestran sus debilidades, pues resulta más barato
para las empresas pagar multas que invertir para
alcanzar un buen desempeño ambiental.
Otro aspecto preocupa, dijeron fuentes
científicas consultadas por Tierramérica: la
calidad de las aguas subterráneas en la zona sur
es deficiente por las altas proporciones
naturales de arsénico y flúor, lo que vuelve más
urgente preservar el Ctalamochita como fuente segura de agua.
* La autora es colaboradora de Tierramérica. Este
artículo fue publicado originalmente el 18 de
agosto por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.
(FIN/2007) Envíe sus comentarios al editor |