TRABAJO-BRASIL: Esclavitud es un mal difícil de extirpar Por Mario Osava, enviado especialAÇAILANDIA, Brasil, jul (IPS) - José Alves, de 30
años y tres hijos, conserva como recuerdo la
vieja bicicleta, hoy una estructura sin ruedas,
con la que viajó centenares de kilómetros en la
Amazonia oriental brasileña, "cazando trabajo
para mejorar la vida", pero cayendo en la trampa de la esclavitud.
Alves es un ejemplo de que la necesidad
muchas veces es más fuerte que el escarmiento.
Huérfano de padre en una familia de 10 hijos,
tenía que ayudar a la madre y a tres hermanos
menores. Sufrió la violencia de la esclavitud
moderna tanto en su estado natal, Maranhão, como en el de Pará.
Taló bosques y malezas "a fuerza de brazos" y
excavó pozos, tuvo un patrón que pagaba sólo la
mitad del sueldo y abandonaba a los empleados en
medio de la selva, comiendo pescado de los ríos
"para no morir de hambre", y a otro que los
mantenía de rehenes con guardias armados.
"Ni me gusta recordar", interrumpe para
señalar que ahora vive en el paraíso. Coordina la
producción de carbón reciclado en una de las dos
unidades de la Cooperativa para la Dignidad de
Maranhão (Codigma), un proyecto del Centro de
Defensa de la Vida y los Derechos Humanos de
Açailandia (CDVDH) iniciado hace un año.
COMO SUBIR AL CIELO
El carbón reciclado, ideal para uso doméstico
o en restaurantes de carnes porque no produce
humo ni cenizas, se hace mezclando residuos de
carbón vegetal botados por la industria
siderúrgica local con arcilla y fécula de
mandioca en pequeñas proporciones, pasando el
material por varios equipos y secándolo al sol después de cortarlo en trocitos.
La producción de 4.000 kilogramos al mes sólo
permite ingresos de 150 reales (77 dólares)
mensuales para los 10 trabajadores de la unidad,
pero Alves espera doblarla a partir de agosto,
con la construcción de una nueva área de secado.
"Materia prima hay de sobra", porque la Codigma,
instalada en Vila Ildemar, un barrio pobre de
Açailandia, queda cerca de cinco plantas siderúrgicas.
"El comienzo es difícil, pero ahora podemos
subir al cielo sin necesidad de escalera",
afirma. De los 20 asociados en su unidad sólo
quedan 10, porque los demás no pudieron aguantar
más ganando sólo una "beca" de 150 reales y una
canasta básica de alimentos ofrecidos por el
proyecto, y tuvieron que buscar otras ocupaciones.
Pero esa deserción es temporal, cree Alves,
así como los participantes en la unidad que hace
juguetes educativos a partir de restos de madera
desechados por los aserraderos, que empezó con 28
personas y ahora sólo tiene 16.
La Codigma busca evitar la recaída en el
trabajo esclavo. Sus socios son todos ex esclavos
o familiares de trabajadores que ya estuvieron
sometidos en sitios salvajes, impedidos de salir
bajo pretexto de una falsa deuda con los
patrones, sumando costos de transporte, de
instrumentos de trabajo, comida y alojamiento, en general insalubres.
La iniciativa responde a la constatación de
que la represión y las campañas de información
son insuficientes para erradicar el trabajo
esclavo, que persiste especialmente en la
Amazonia oriental y el nordeste del país, áreas de población muy pobre.
El Grupo Móvil de Inspección del Ministerio
del Trabajo ya liberó a más de 24.000
esclavizados desde su creación en 1995,
inspeccionando casi 2.000 haciendas y empresas,
imponiéndoles el pago de todos los derechos
laborales violados, indemnizaciones y multas.
Algunos empleadores enfrentan acciones
judiciales, que podrían costarles de cuatro a ocho años de prisión.
Pese a la represión intensificada en esta
década, la católica Comisión Pastoral de la
Tierra, que se destacó en denunciar la existencia
del problema, mantiene su estimación del decenio
anterior, de 25.000 brasileños sometidos al
trabajo degradante y forzado, principalmente en
haciendas ganaderas y carbonerías alejadas de ciudades.
La extrema pobreza y el desempleo empujan a
los trabajadores a los "gatos", reclutadores
informales de mano de obra para empresarios sin compromiso con la legalidad.
EN VIAS DE REGENERACIÓN
Las 14 empresas siderúrgicas que producen
arrabio del mineral de hierro de la Sierra de
Carajás, 380 kilómetros al oeste de Açailandia,
crearon en 2004 el Instituto Carbón Ciudadano
(ICC) para erradicar el trabajo esclavo de sus
proveedores de carbón vegetal. Algunas
siderúrgicas habían sido directamente acusadas de ese delito.
Esas empresas, que antes echaban toda la
culpa a los carboneros, "cambiaron, asumieron la
corresponsabilidad" en los hechos ocurridos en la
cadena productiva y buscan mejorar su imagen
dañada, reconoce Ornedson Carneiro, presidente
del Instituto, con sede en Imperatriz, la mayor
ciudad del área de influencia de Carajás.
Además de monitorear el cumplimiento de las
leyes laborales de las carbonerías, que ya
resultó en la exclusión de 312 proveedores, el
ICC empezó en marzo a ofrecer empleos formales a
los trabajadores rescatados de la esclavitud. "Ya
empleamos a 56 y la meta es llegar a 300 este año", señala Carneiro.
Las empleadoras son las propias siderúrgicas y carbonerías.
Luego de liberados, esos trabajadores reciben
los sueldos no pagados y otros derechos, como
vacaciones y aguinaldos, además de tres meses de
seguro de desempleo por un salario mínimo (380
reales o 200 dólares), pero después de gastarse
ese dinero, les quedan "sólo dos alternativas,
robar o volver al trabajo esclavo", razonó Carneiro.
El proyecto trata de contactar a trabajadores
de una lista de rescatados y de capacitarlos,
alfabetizando en muchos casos, antes de
colocarlos en una empresa. Para este trabajo se
contrató como consultora a Telci Teod'Oro,
maestra en educación para el desarrollo sustentable.
Es difícil descubrir dónde viven los posibles
beneficiados del proyecto, de muchos sólo se
conoce el apodo o direcciones incompletas o no
existentes, observó la consultora en su primera
expedición por municipios cercanos a Marabá,
ciudad que concentra siete siderúrgicas, algunas
de las cuales ofrecen empleos a ex esclavos. Uno
dio como dirección el "Cabaret Corazón de Madre", ejemplificó.
Además, algunos rechazan un empleo formal,
alegando que desean "trabajar sólo para sí
mismos" o sospechan de que la oferta sea otra
invitación al trabajo esclavo. Otras dificultades
son capacitarlos para un trabajo regular, con
disciplina y horarios a cumplir. Un grupo de 17
recién contratados de una siderúrgica, por
ejemplo, decidieron por su cuenta salir de
vacaciones, porque "echaban de menos a su familia".
Como son analfabetos absolutos o funcionales,
sus posibilidades de ocupación en la industria se
limitan a limpieza o jardinería. Pero hay casos
de éxito, como el de un joven que se alfabetizó y
se convirtió en un ejemplar conductor de vehículos, destaca Teod'Oro.
TRABAJO ENTRE IGUALES
Son distintos los problemas de Codigma, donde
los mismos trabajadores, en conjunto y como
iguales, tratan de hacer rentable su negocio.
Mientras el carbón reciclado tiene mercado
asegurado, pero depende de inversiones para
aumentar la producción, vender juguetes es mucho
más difícil, por la fuerte competencia.
La unidad eligió siete juguetes de diseños
conocidos, como el tren y el camión, con colores
vivos y movimientos en algunos casos, como el de
la "montaña rusa". Un esfuerzo de venta se hace
en tiendas de Açailandia y en ciudades vecinas, y
también por Internet con apoyo de Reporter
Brasil, una organización no gubernamental nacida
en 2001 para divulgar situaciones de injusticia,
especialmente el trabajo esclavo.
Sus socios sueñan alcanzar el ingreso de un
salario mínimo (200 dólares), repartiendo el
producto de las ventas. "Alcanzaría para
sobrevivir", cree Lenilde Fernandes, que sostiene
a un hijo de 17 años epiléptico, que ya no
necesita medicamentos pero está rezagado en la escuela.
Por ahora ella complementa lo que gana en la
cooperativa lavando ropas. Pero "nunca más
cocinaré para otros", afirma, recordando el
trabajo forzado al que fue sometida durante cinco años en una hacienda de Pará.
Otras mujeres, como Roseni Lima, con seis
hijos pequeños, y Francisca Souza, de 21 años y
un hijo, tuvieron a sus maridos sometidos a
condiciones análogas a la esclavitud. Ellas
permanecen en la cooperativa mientras ellos la
dejaron en busca de ingresos adicionales en trabajos esporádicos.
Orleilson Ribeiro, de 30 años y dos hijos,
sigue en la unidad de juguetes desde el inicio,
en mayo de 2006. "Aquí tenemos futuro", sostuvo
tras recordar las humillaciones, las amenazas y
la fuga de una carbonería donde estuvo esclavizado cinco años atrás.
La cooperativa es una gota, pero también un
nuevo camino en un lugar donde las grandes
inversiones, concentradas en ganadería, minería y
siderurgia, generan escasos empleos y desarrollo
local. Codigma está creando tras dos unidades,
para productos de limpieza y útiles domésticos,
anunció Carmen Bascarán, presidenta del CDVDH,
que confía además en las actividades culturales.
De los más de 600 jóvenes de Açailandia
participantes en grupos de danza, teatro y
capoeira (danza y lucha corporal desarrolladas
por los esclavos africanos), muchos ya son
profesionales, actúan en espectáculos y como
instructores de varios núcleos creados por el Centro.
(FIN/2007) Envíe sus comentarios al editor |