Cada 1 de diciembre, el Día Mundial del Sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) busca crear conciencia sobre una pandemia que se alimenta del prejuicio y la desidia.
Al elevar la mortalidad y la incidencia de otras enfermedades infecciosas, como la tuberculosis y la hepatitis, el VIH (virus de inmunodeficiencia humana, causante del sida) desató una crisis sanitaria mundial de proporciones inéditas.
Pero la crisis va más allá de la salud: afecta los derechos humanos, por la marginación de las víctimas; la situación de la infancia, pues millones de huérfanos deben valerse por sí mismos, y el desarrollo, dado el gasto que origina el tratamiento y la caída de la productividad por la muerte y debilidad de los trabajadores. Nuevos tratamientos abren esperanzas.
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